La Revolución Fiscal en Guatemala

Últimamente en el ámbito tributario no se ha experimentado un cambio en el ordenamiento jurídico donde el pagar impuestos sea simple y con reglas claras tanto para el contribuyente como para la autoridad tributaria, y así evitar la discrecionalidad y arbitrariedad al momento del cobro de los impuestos.

En el transcurso del tiempo, los gobernantes siempre han buscado como recaudar más impuestos para hacer frente a las obligaciones del Estado en su fin como lo es el bien común; Simón Bolívar busco la sostenibilidad de la hacienda y las finanzas públicas mediante políticas en busqueda del equilibrio fiscal; en la actualidad el Presidente Nicolas Maduro, se ha expresado sobre el tema del equilibrio fiscal, señalando: “Realmente no es una reforma, no estamos planteando hacer una reforma sino una revolución fiscal venezolana para captar completamente la riqueza del país y convertirla en educación, en salud, en vivienda, en vialidad… hay que ensanchar la base de recaudación a los que más tienen”.

Recientemente, el Superintendente de la SAT, Lic. Francisco Solorzano Foppa, manifiesta: El monto de la recaudación tributaria previsto para el 2018, no se modificará y se alcanzará con nuevas medidas administrativas y operativas de cobranza de la SAT; conservamos la proyección de recaudación fiscal de Q63 mil millones y no pensamos modificarla, porque la vamos a alcanzar con acciones para combatir la evasión, el contrabando, así como esperamos el pago voluntario de los contribuyentes. En los próximos meses la SAT dará a conocer las nuevas acciones administrativas que se implementarán para alcanzar las metas (Prensa Libre: 9 de agosto de 2017, Pág. 12).

En los últimos años aparece como una verdadera revolución en el derecho tributario guatemalteco, no solo por un nuevo ISR que trae consigo cláusulas antiabuso o medidas antielusorias tanto a nivel doméstico como peculiaridades de fiscalidad internacional como lo son: los precios de transferencia, la residencia y el establecimiento permanente; se reforma la estructura organizacional de la SAT y se le dota de herramientas de fiscalización adecuadas y modernas necesarias para asegurar el cumplimiento de las obligaciones tributarias de los contribuyentes; se crea un tribunal administrativo, tributario y aduanero mal llamado hasta por la misma SAT como “TRIBUTA”, el cual es nombrado por el Directorio y que éstos a su vez son removidos por el Presidente de la República al no cumplir el Convenio de Cumplimiento de las Metas de Recaudación Tributaria; se realizan intervenciones a los contribuyentes, y se someten a procesos penales por actos presuntos de defraudación tributaria lo que nos lleva a una “penalización del derecho tributario” y convierten al juez penal en cobrador de impuestos cuando su función es la de sancionar la conducta ilícita; se levanta el secreto bancario mediante el acceso a la información financiera y bancaria de los contribuyentes, un tema polémico de los últimos meses; y  se culmina esta histórica revolución fiscal con la aprobación del Convenio sobre Asistencia Administrativa Mutua en Materia Fiscal.

En ese orden de ideas; como observamos, las reformas tributarias van encaminadas al cumplimiento de las metas de recaudación, donde cada vez las cargas fiscales son más pesadas para el ciudadano.

Por último, cito a Miguel de Cervantes Saavedra en su obra “El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha”, que en uno de sus pasajes dice: “Y, diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que sin duda alguna eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él iba tan puesto en que eran gigantes, que no oía las voces de su escudero Sancho, ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran;…”

Finalizo, con la siguiente frase: “Sin hecho imponible, no hay base imponible; ni mucho menos, hecho punible”.

 

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